Entrevista Jazz
DORIS CALES: “Yo no canto, cuento historias”
marzo 2010
No debe de ser fácil para un artista evitar sucumbir a las modas industriales y mantenerse fiel a un sonido propio, aunque pueda constituir un riesgo. Pero Doris Cales lo hace. Es una cantante enérgica e inventiva, que tiene un estilo fresco, basado en el jazz pero con importaciones del soul y el rythm and blues, entre otros ritmos. En sus recitales, que son una fiesta permanente, interpreta con un scat vertiginoso y divertido y un control absoluto sobre el timbre de voz.
Doris Cales mostró desde niña, en su Brooklyn natal, una predisposición por las artes escénicas. En su formación no se pusieron puertas, estuvo abierta tanto al soul de Motown de los años 60 como a la música psicodélica de los 70. Pero fue el jazz lo que finalmente conquistó su interés. En España ha destacado como actriz y cantante. Ha trabajado con compositores y músicos nacionales o aquí afincados como Juan Carlos Calderón, Serrat, Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel, Auseron… y en particular en el jazz con Jorge Pardo, Jerry González, Horacio Icasto, Raimundo Amador, Jesús Pardo o Nono García. En su discografía destacan “Doris Cales and Dr. Joker”, “Stormy Weather” y “Songs from my heart”.
Acaba de publicar And all that jazz. ¿Qué busca con este proyecto?
Busco refrescar la memoria. Busco incitar al oyente a escuchar un jazz vocal sin trampas ni cartón, siguiendo una escuela tradicional de jazz a la vez que intentando demostrar que se puede modernizar ese jazz clásico con arreglos, conceptos e intención. Sin estridencias, con sutilezas y con toda la honestidad de la que soy capaz.
En All that jazz recoge parte del jazz de las grandes películas musicales y obras de teatro que todo el mundo conoce y guarda en un lugar favorito de sus recuerdos. ¿Condiciona nuestro gusto por una canción la impresión que tengamos de la película donde la escuchamos o el ambiente donde la oímos?
No, no lo creo. Ni por los recuerdos que desentierran tampoco. De hecho algunas veces lo único bueno que nos queda de una película, una función de teatro o un recuerdo es precisamente la banda sonora de ese momento. Creo que una buena canción lo es independiente de cómo, cuándo y dónde la escuchamos. De la misma forma que una buena película o función de teatro lo es sin más. Se sostienen solas sin necesidad de soporte alguno.
¿Qué supone este nuevo trabajo para el conjunto de su carrera?
Supone un paso hacia adelante muy importante y ambicioso porque en esta ocasión he llevado las riendas de toda la producción; desde la supervisión de los arreglos, las composiciones, la elección del repertorio, la elección de estudio, técnico, diseño, etc. Un trabajo extenuante y gratificante. Era el momento de demostrarme a mí misma que lo podía hacer. Es un disco grabado por una mujer con mucha experiencia y que sabe lo que quiere.
¿En qué aspectos cree que ha evolucionado desde sus inicios, en los 70?
En todos. Físicamente estoy mejor que nunca; de voz estoy en un momento estupendo. En cuanto a conceptos musicales he aprendido tantas cosas y experimentado con tantos estilos que no me resulta difícil tocar palos distintos. Piso el escenario y los estudios con aplomo y seguridad en mí misma. Y no sólo eso, sino que creo que he tenido la oportunidad de reinventarme a mí misma unas cuantas veces.
¿Qué quiere expresar en su forma de cantar?
Busco abrir una ventana hacia dentro para que el público sepa quién soy, qué he vivido. Que entienda que detrás de cada palabra, cada nota, hay una historia que estoy contando. No es demostrar que canto sino que sé contar historias.
Todos los miembros de su familia cantan, bailan o tocan algún instrumento. ¿Esto le condicionó a dedicarse a la música? ¿Cree que lo habría hecho de no haber nacido en ese ambiente?
Ah, el “what if”. No lo sé. Sustraerme de mi pasado y mi código genético o mi herencia es imposible. No sé si soy quien soy a causa de mi familia o a pesar de ella. Está claro que cuando se cría uno en una familia de talentosos, algo se te queda. Lo que para unos es una rareza para mí era cotidiano. Supongo que me ayudó sobre todo a entender que la música era una forma de vivir; no sólo una forma de ganarte la vida.
Tiene mucho mestizaje en su familia, en cuanto a nacionalidades y en cuanto a géneros musicales, y quizá eso vuelve su música tan heterogénea. Pero, ¿hay algún género que haya intentado trabajar y no haya podido porque no se haya sentido cómoda?
Sí; el pop es una música en la que no me muevo bien y no me siento honesta. Me salí de ahí en cuanto pude. Tampoco me gustan el blue-grass, el country o el hard rock. Son estilos de música con los que no me identifico y que no me transmiten nada.
¿Qué le aporta su formación en Arte Dramático a su interpretación musical?
Me ayuda a buscar el significado del texto y a medir mis fuerzas en el escenario. También de mi formación en el del teatro me viene la capacidad de medir la intensidad de emoción de cada canción para hacer que el público entienda de qué va sin necesidad de entender el idioma. Aprendí que menos es más, siempre.
En su trabajo Stormy Weather reflexiona sobre el papel que la mujer ha desempeñado en el mundo del jazz. ¿Qué conclusiones tiene al respecto?
Que las mujeres han luchado duramente para hacerse un hueco en el jazz desde sus comienzos y no siempre han recibido el reconocimiento que se merecían. Que ha habido grandes mujeres músicos, compositoras, arreglistas, directoras de big band y otras formaciones y nadie sabe nada o apenas nada de ellas. Y que las músicos de hoy hacen honor a los sacrificios de sus hermanas cada día con su profesionalidad, su esfuerzo y su saber hacer.
Dice Laika Fatien que no es una cantante de jazz, sino una cantante que canta jazz, porque las cantantes de jazz ya no existen, porque no vivimos en la misma época de cuando existían (los cuarenta o los cincuenta). Laika Fatien entiende que el jazz no es solamente una música, es una forma de vivir, y ya no vivimos las mismas cosas ahora que cuando había cantantes de jazz. ¿Cree que esto es verdad?
Ni siquiera las cantantes de jazz de la época de los 40 y 50 se consideraban cantantes de jazz. Porque eso hubiera significado hacer una distinción entre sus vidas y su música. Estoy de acuerdo cuando dice que el jazz es una forma de vivir, pero yo creo que seguimos viviendo, contando y cantando la vida que nos ha tocado vivir. La diferencia creo que está en la honestidad con la que se canta y se vive. Ser cantante de jazz significa compartir emociones y eso traspasa la barrera del tiempo. Básicamente creo que hay personas que cantan jazz porque les gusta, y otras porque es su vida y no pueden ni quieren elegir otro camino. Pero hay de los dos grupos.
¿Qué debe tener una buena cantante de jazz?
Una buena cantante de jazz ha de tener lo que un/a instrumentista; saber modular y cambiar texturas. Crear ambientes. Respetar la melodía y jugar con ella. Tener timing, saber usar los silencios, improvisar con conocimiento y sabiendo de dónde viene y hacia dónde va. Contar algo. Tener una voz personal, un estilo propio.
Dice Concha Buika que en el mundillo del arte abunda el machismo. ¿Es verdad?
Hace unos años, durante un concierto mío oí la voz de un hombre que decía: “el jazz es música de putas”.Llevamos años luchando para ganarnos el respeto de nuestros compañeros y del público. Y seguimos ahí.
Es profesora. ¿Qué aprende de sus alumnos?
Enseñar te obliga a estar al día en todos los aspectos; métodos de respiración, afinación, improvisación, etc. También hay que convertir las clases en algo atractivo, dinámico y entretenido porque el trabajo de cantar en sí es duro. Escoger el repertorio adecuado para cada voz, cada personalidad. Mis alumnos me enseñan a observar y aprender a distinguir las distintas personalidades que hay en cada voz. Tiene mucho de terapia.
Paloma Fidalgo
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