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JAÉN - ÚBEDA Y BAEZA - EL FESTIVAL DE ÚBEDA Y BAEZA PROPONE UNA MIRADA RETROSPECTIVA A LAS OTRAS MÚSICAS HISPÁNICAS
noviembre 2009
El año 1492 es un punto clave en la historia europea con dos acontecimientos que cambiarían para siempre la configuración del mundo: el descubrimiento de América y la conquista del Reino de Granada por los Reyes Católicos. Esta expansión geográfica propició la creación de una poderosa clase nobiliaria y eclesiástica que concedió una gran importancia al mecenazgo y patrocinio de la música, practicada en suntuosos palacios y grandes catedrales, dando origen a la “Edad de Oro” de la música española en todas sus facetas. La historia musical de esta etapa ha sido ampliamente estudiada y aún continúa siéndolo, pero hay otra cara de la moneda mucho menos conocida: la de la música cultivada por las minorías culturales y musicales reprimidas durante los siglos XVI al XVIII. Es a esta música a la que el Festival de Úbeda y Baeza dedica este año su programación entre el 20 de noviembre y el 8 de diciembre. “Al hablar de estas minorías marginadas por la cultura oficial dominante nos referimos a la música compuesta por, para o sobre moriscos (hispano-musulmanes), judeoconversos, herejes, mujeres, indígenas, africanos, mulatos, criollos y chinos-filipinos activos en los confines del Imperio hispano, un vasto territorio bañado por mares y océanos que se extendía desde Nápoles hasta Manila, pasando por la Península Ibérica y el Nuevo Mundo”, explica Javier Marín López, director del festival. Y si en 1492 se descubrió America y los Reyes Católicos conquistaron el Reino de Granada, en 1609 acontecieron otros dos hechos vitales en la historia de nuestro país e intrínsecamente ligados a los anteriores: la llegada a América de los jesuitas y la expulsión de los moriscos y, con ellos, de toda una cultura poético-musical de gran refinamiento. De este último acontecimiento se celebra este año el cuarto centenario y con este pretexto se han programado una serie de conciertos con músicas de épocas y tradiciones diversas, habitualmente marginales, como las moriscas, sefardíes, hispanoamericanas y asiáticas. Así, inaugura el festival el conjunto italiano Lucidarium, dirigido por Avery Gosfield y Francis Biggim, con un concierto que explora las huellas musicales de las culturas mediterráneas y el importante componente de la tradición oral en los repertorios sefardíes y musulmanes. También de fuera llegan Lachrimae Consort Paris y el contratenor Rachid Ben Abdelsam, que han preparado un repertorio basado en la música de las tres culturas de Al-Andalus: arábigo-andaluza, sefardí y castellana. Tras ellos le toca el turno a La Folía, que presenta el repertorio cortesano practicado en tiempos de la expulsión con varias danzas morescas y textos alusivos al mundo morisco; y a José Miguel Moreno a la vihuela, que interpreta una selección del repertorio para cuerda pulsada que se escuchaba en la Península entre las dos fechas determinantes en la historia morisca: 1492 y 1609. Los cuatro conciertos son una coproducción entre la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y el festival. Pero además de los moriscos, tienen también cabida en el ciclo otras minorías. Jena-Christophe Frish y su Ensemble XVIII-21 interpretan músicas jesuíticas y chinas en Asia; Discantus ofrece un programa de monodías y polifonías conventuales en la Edad Media de la mano de Brigitte Lesne; el conjunto inglés The Hilliard Ensemble profundiza en polifonía ibérica cantada en las parroquias indígenas de Guatemala; y el joven ensemble Música Liberata dirigido por Calia Álvarez interpreta, entre otros, varias composiciones de Esteban Salas, un mulato que ejerció como maestro de capilla de la Catedral de La Habana en la segunda mitad del siglo XVIII. También alrededor de estos excluidos giran dos conciertos de órgano: Andrés Cea interpreta De Oaxaca a Chiquitos: música para órgano en el Nuevo Mundo; y la organista belga Herman Stinders ofrece una selección de piezas para órgano del jesuita Domenico Zipoli, cuya música se interpretó en las misiones del Paraguay. En torno a este instrumento habrá además otra cita, ya que el Trío Organum ha preparado un concierto de música barroca para dos trompetas y órgano alrededor de Handel. Además, como es habitual, la programación vuelve a contar con dos formaciones clásicas en el festival: el Coro Barroco de Andalucía y la Orquesta Barroca de Sevilla. El primero interpreta un programa con música inédita de Juan Manuel de la Puente (1692-1753), maestro de capilla de la Catedral de Jaén desde 1711 hasta su muerte. El concierto es un estreno especial, ya que se trata de una reconstrucción litúrgica tal y como se hacía en las ceremonias del siglo XVIII tomando como base la Misa Veni sponsa Christi, única pieza de este género del compositor que se conoce. La Barroca de Sevilla, por su parte, ofrece en directo el repertorio de su último disco, Arde el furor intrépido, música de la Catedral de Málaga en el siglo XVIII, junto a la soprano María Espada y el director Diego Fasolis. Y si estos dos programas recuperaban música de Jaén y Málaga respectivamente, el de Ministriles de Marsias es una selección de canciones y motetes para ministriles procedentes de un manuscrito conservado en la Biblioteca Manuel de Falla de Granada, una de las escasas fuentes manuscritas con repertorio instrumental del siglo XVI que se conservan. El festival mantiene además el ciclo La música en los monumentos de Vandelvira con la participación de la Escolanía de la S. I. Catedral de Jaén, el Orfeón Santo Reino, A Capella Ensemble, la Agrupación Coral Ubetense, la Agrupación Coral Santa Cecilia, la Agrupación Cantoría, Capilla Vandelvira y la Escolanía de la S. I. Catedral de Jaén. Dos conciertos didácticos con Il Parlamento de Virgina Sánchez y el Curso de Investigación de Pilar Ramos López completan la programación. “La convivencia de culturas distintas desde el punto de vista étnico, religioso y musical, provocó un reguero de luchas, conflictos y asimilaciones; en síntesis, una dinámica de exclusiones por parte de los poderosos vencedores y resistencias por parte de los excluidos vencidos. Muchos de estos repertorios fueron practicados como estrategia de supervivencia cultural de forma secreta y asediada, tratando de pasar desapercibidos ante las autoridades. Se trata de voces clandestinas y silenciadas durante siglos, que son sacadas a la luz lentamente y que dan cuenta de la gran riqueza y complejidad de esas “otras” músicas hispánicas, herencia pasada de una tan España plural y diversa como la actual”, concluye Marín López.
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