Clásica Entrevista
FÉLIX ALCARAZ: “Es importante cambiar el modelo de gestión de públicos. Ya no es posible un modelo pasivo, a la gente hay que ir a buscarla”
enero 2011
Félix Alcaraz (Valladolid, 1976) es, desde hace un año, gerente de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCYL) y director del Auditorio Miguel Delibes de Valladolid. Tanto la orquesta como el auditorio son, sin duda, dos de las grandes instituciones culturales de nuestro país, dos emblemas que, de alguna manera, se han ido convirtiendo en referencias y están llamados a ser, por muchas razones, a la vez faro y laboratorio para una nueva manera de entender la gestión de la cultura en general y la música en particular en nuestro país.
Los 365 días que Félix Alcaraz ha cumplido al frente de este proyecto han sido intensos y de una actividad desbordante, porque aunque Félix se apresuró a señalar en su toma de posesión que su plan de trabajo no pasaba por producir cambios radicales, lo cierto es que las cosas –poco a poco– han cambiado y mucho.
Félix Alcaraz y su equipo se han propuesto el reto de dar respuestas, más pronto que tarde, a las cuestiones que más preocupan hoy en el mundo de la cultura y de la música; se han propuesto dar valor a lo que tienen y hacer que este valor sea percibido; implicar al público sin ponerle etiquetas; profundizar en el valor social y formativo de los instrumentos culturales que están en sus manos; dar sentido a su trabajo desde la eficiencia; y tratar de adaptarse a la época –crisis, ¿qué crisis?– que nos está tocando vivir.
En su despacho del Auditorio Miguel Delibes, Félix Alcaraz habla con pasión. Una conversación de noventa minutos largos que podría haberse alargado otros tantos porque las pasiones que se viven intensamente no admiten los límites del tiempo.
Llegaste en un momento en el que la orquesta estaba bastante consolidada, pero se produce un hecho importante y es que se cambia de director y se pone al frente de la formación a Lionel Bringuier, un joven de 23 años, en una apuesta que muy pocas orquestas se atreven a realizar. Todo un reto.
Tanto la orquesta como yo estamos muy contentos con el trabajo que Lionel está haciendo. Cuando hablas de un director de 23 años puede dar lugar a equívocos. Estamos hablando de un director de 23 años que ya ha dirigido las filarmónicas de Nueva York, Los Ángeles o Londres, la Philharmonia Orchestra y que, por ejemplo, ya ha debutado en los PROMS. Su genio y su talento están empezando a ser reconocidos en el mundo entero. Poder contar con un director así con el que crecer es algo muy interesante tanto para él como director como para nosotros como orquesta. Además la orquesta le ha recibido con los brazos abiertos y hay muy buen ambiente y muchas ganas de trabajar y de seguir adelante.
LA ORQUESTA
Una orquesta siempre es un proyecto a largo plazo.
Claro, cualquier orquesta es un proyecto a largo plazo, no se hace ni en dos ni en cinco años. Crear una orquesta con un nivel y una calidad sostenibles es un proyecto de vida y hay que ir viendo cómo evolucionan las cosas para ver qué decisiones hay que tomar. Pero quiero destacar que es una orquesta que funciona muy bien y que, además, no plantea muchos problemas, lo que siempre facilita el trabajo. Cuando el público se entrega, recibe mucho a cambio. Si la orquesta se siente querida y respetada, responde muy bien. Y creo que esa es mi función como gerente: satisfacer las necesidades que tiene la orquesta y trabajar para ella.
Es importante esto que comentas de que el público ayuda a crecer a la orquesta.
La Orquesta Sinfónica de Castilla y León tiene un público muy fiel desde que se creó, hace 20 años, pero era un público muy estático, casi siempre las mismas personas, y es en eso en lo que hemos empezado a trabajar: en generar más diversidad de públicos y que estos sean de calidad. Este año ha sido muy interesante comprobar cómo los nuevos abonados están entre los que más disfrutan, los que más aplauden y más valoran el trabajo que hace la orquesta. Creo que esta renovación de públicos es muy necesaria y en esto es en lo que estamos trabajando ahora. Para nosotros no deja de ser sorprendente que en un año de crisis como este hayamos conseguido casi un 50% más de abonados, que es una barbaridad. Cuando la mayoría de las orquestas están perdiendo un poquito o las que han ganado lo han hecho muy ligeramente, la OSCYL ha ganado casi un 50%. Eso hace que la sala esté siempre mucho más llena y los músicos se impliquen mucho más, porque al fin y al cabo es una cuestión de comunicación, se generan nuevos sentimientos, una química nueva… Es importante que la orquesta perciba todo esto. En casi todas las orquestas hay buenos músicos, pero la diferencia entre un músico que toca bien y uno que toca mal no es únicamente la técnica, es, sobre todo, la motivación. Y creo que el público es básico para esto.
La Orquesta Sinfónica de Castilla y León tiene la imagen de que toca poco fuera de Valladolid y hay muchas zonas de Castilla y León a las que va poco.
No es verdad. El problema, o el contexto, es que estamos en la región más grande de Europa y eso hace que estas carencias que puede haber sean mucho más visibles que en otras comunidades. Una orquesta tiene que tener una sede estable, desarrollar su proyecto artístico en un lugar, pero, aparte de esto, nosotros, dentro de nuestras posibilidades, tenemos tres temporadas estables en León, Salamanca y una en Ávila menos extensa y vamos a ampliar a Burgos con la construcción del nuevo auditorio. Me gustaría ver qué orquesta española toca habitualmente en cinco capitales de provincia. Lo que ocurre es que aquí, repito, es más visible. Además, para completar esta vocación de servicio comunitario, ponemos autobuses gratuitos desde todas las capitales de provincia. Y los autobuses vienen llenos. Lo hemos hecho precisamente para mitigar este pequeño problema que tenemos. Y la gente viene encantada. Nadie puede decir en Castilla y León que esta orquesta no es la suya.
Otra forma de llegar a más escenarios, cuando los condicionamientos son de espacio, es hacer que la orquesta forme sus pequeños grupos de cámara.
Es lo que hemos hecho este año: crear una orquesta de cámara que durante dos semanas al año realiza una función territorial, no sólo en capitales, sino también en pequeñas poblaciones. Está teniendo muy buena acogida. No podemos tener una temporada estable en todos los lugares, en primer lugar porque habría que preguntarse si hay público suficiente y poder justificar así el gasto en el que incurriríamos y en segundo lugar, porque empobrecería el proyecto artístico de la orquesta. Pero ese ha sido uno de los grandes problemas de los últimos años: había más dinero y no siempre el criterio económico tenía el peso específico necesario en la toma de decisiones. Por tanto, podríamos plantearnos el reto de crear nuevos públicos en toda la comunidad y descentralizar aún más nuestra actividad, pero no somos omnipresentes y nuestros medios son limitados. No sólo se trata de ver qué te gustaría hacer, sino de qué recursos tienes para hacerlo. Por otro lado, también hemos creado grupos de cámara que además de actuar en el ciclo de cámara del Delibes van a muchas otras localidades de toda la comunidad.
EL PÚBLICO
Este aumento de público que se ha producido no es por casualidad.
No, claro, siempre parto de la base de que para que alguien adquiera un producto o un servicio, en este caso, además, intangible, le tienes que crear una propuesta de valor a la medida. Una persona sólo decide gastar dinero cuando percibe que recibe un valor a cambio. Nosotros hemos trabajado con esta base para plantear diversas estrategias de segmentación y seleccionar los públicos que, en un principio, debíamos atender, además de intentar aumentar esta propuesta de valor. En cierto modo, también nosotros nos llevamos una sorpresa, porque con poco margen de tiempo y, en teoría, con pocas acciones, conseguir un resultado tan bueno significa que aquí hay mucho por hacer y que se pueden alcanzar resultados aún mucho mejores.
Y también puede significar que había un sustrato que estaba esperando, de alguna manera, que le llegara el mensaje apropiado, la oferta de valor apropiada.
Efectivamente. Creo que un error que hemos cometido muchos programadores y muchos gestores es caer en el tópico de que hay que programar “lo mejor” y el público vendrá. Eso, hoy en día, no se cumple, y en tiempos de crisis es muy importante tenerlo claro. Es decir, no basta con programar “súper conciertos”. Hay que ir generando una propuesta de valor diferente con cada producto, y eso la gente lo valora. Hay ciclos que este año, realizando alguna de estas acciones, están funcionando mucho mejor. Hay más público en general, no sólo con la orquesta, que para mí era prioritaria, sino también en todos los ciclos.
Volvemos a la ineficacia e irrealidad de prácticas basadas en los viejos aforismos del estilo de “el buen paño en el arca se vende”.
Sí, en estos momentos es importante cambiar el modelo de gestionar públicos. El modelo pasivo, en el que uno programa y la gente viene, ya no funciona tan bien. No, a la gente hay que ir a buscarla, hay que ser proactivo. Y esto hace que nosotros a veces tengamos que trabajar con estrategias casi cercanas al micromarketing, trabajar con proyectos muy concretos, con conciertos muy concretos y con segmentos de población muy reducidos. De esta manera, perciben mejor el valor de nuestras propuestas.
Identificar a los públicos, en definitiva.
Conocer a tus públicos es un tema fundamental. Si tú no conoces a tus públicos no puedes gestionarlos, porque no sabes si les convence lo que les estás dando o no. Hay mucha gente que continúa viniendo por inercia, pero cuando esa inercia se acaba, o esas personas ya no están, el público va disminuyendo, que es lo que estaba pasando aquí, que cada año había una sangría de 150 ó 200 abonados que se iban. Y era una tendencia que había que revertir. No sólo hay que ganar en número de abonados sino crear nuevos públicos. Y cuando hablo de nuevos públicos no me refiero sólo a una cuestión de números, no es una cuestión tan cuantitativa como cualitativa. Hay mucha gente que realmente estaría interesada en venir a un concierto de música, lo que pasa es que ellos aún no lo saben. Tú sabes que les va a gustar, pero ellos no. ¿Cómo les convences para que vengan a un concierto? Ese es nuestro trabajo. Tenemos que ir adaptándonos y probando diferentes estrategias. De vez en cuando hago un experimento: cojo amigos a los que no les gusta la música clásica, o que piensan que no les gusta, y los traigo. La semana pasada traje a cuatro amigos a escuchar la Sinfonía 11 de Shostakovich y no se lo podían creer, no pensaban que pudieran pasarlo tan bien, salir con un nudo en el estómago. Hay mucha gente que aún no es consciente del poder de la música y de lo que se puede llegar a disfrutar con ella. Todo lo que no conocemos nos da miedo, nos da pudor y como siempre, optamos por lo cómodo, preferimos no probar. Nuestra estrategia está basada en poner al alcance del público herramientas que eliminen estos miedos y barreras y crear incentivos para que vengan una primera vez.
Y conseguir que luego vuelvan…
Sí, este es un camino de tres pasos: conocimiento, prueba y repetición. Si no lo conocen y no lo prueban, cómo van a repetir. A la orquesta se lo digo muchas veces: mi trabajo es conseguir que la gente conozca y venga a probar, y luego hay una tercera parte que también les atañe a ellos: que una vez que el público venga, sus expectativas se vean cubiertas y repita. Pero no estamos inventando nada nuevo… El Marketing, entendido como proceso de creación de valor, debe ser una de las bases fundamentales de cualquier proyecto, ya sea público o privado.
En otros tiempos hubiera sido difícil encontrar a dos personas tan jóvenes como Lionel y tú al frente de este proyecto cultural.
Creo que el hecho de que seamos dos personas jóvenes y con inquietudes similares hace que conectemos muy bien y estemos de acuerdo en cuál debería ser el camino de la orquesta y de la música clásica en general. Pienso mucho sobre este último punto y creo que se pueden mejorar muchas cosas aún. Hay que eliminar tópicos, generar proyectos sostenibles y trabajar con otra mentalidad. Por otra parte, creo que los que somos más jóvenes tenemos una visión diferente de las cosas. Ni mejor ni peor, simplemente diferente. Uno de los principales problemas de la música clásica es la poca facilidad para conectar con el público joven o de 30 años, y creo que sólo el hecho de tener nosotros esa edad nos permite tener una visión diferente. Además, somos plenamente conscientes de que el tema del público hay que gestionarlo, y eso ya es un punto importante. Los gestores de mi generación también hemos tenido la oportunidad de formarnos mejor como músicos y como directivos. Y a nivel más general, siempre es la experiencia contra las ganas. Tenemos menos experiencia pero, es ley de vida, tenemos más ganas y más ilusión y aportamos frescura e ideas nuevas.
Dices que hay que derribar los tópicos. ¿Qué tópicos?
Muchísimos. ¡Los tópicos son tan tópicos…! Los que trabajamos en esto a veces no somos conscientes de que existen, pero existen. La gente piensa que esto es algo elitista, que no es para ellos, que “no lo entienden”. Es curioso porque con otras disciplinas no pasa; con el arte contemporáneo, por ejemplo. La gente va a una exposición sin plantearse si entiende o no lo que ve y además pregunta. Para sentir no necesitas entender, y ese es el primer tópico que me gustaría derribar.
Quizá sea porque hemos tenido una crítica muy elitista, que solo hablaba para un público “entendido”.
Desde luego. Siempre ha sido como un mundo aparte. Hemos generado un halo de intelectualidad alrededor de la música clásica y lo que hemos hecho ha sido espantar a mucha gente. Esto, al fin y al cabo, es arte, emoción, sentimiento, comunicación… y si lo convertimos en algo más artificioso y complejo, tendremos muy difícil crear nuevos públicos. Siento la necesidad de trasmitir y compartir lo que a mí me gusta con el resto de la gente y con la música clásica, que es la primera de mis pasiones, es algo que siempre he hecho. Crear públicos, en parte, es esto: trasmitir la pasión por la música a la gente que, por una causa u otra, aún no ha conocido este mundo.
Sin duda, no es el camino más fácil.
Quizá, pero lo principal que tenemos aquí en Castilla y León es la frescura y las ganas que hay: de los músicos, de los críticos, del equipo que hay aquí… Vemos que hay tanto que hacer todavía, que en vez de ser algo que desanima es algo que motiva. Y lo más importante es que todos tenemos conciencia de estar en el mismo barco. Si no hay público no hay concierto, si no hay concierto no hay crítica… Nuestro objetivo común tiene que ser uno, que es el futuro de la música clásica. En el momento en el que nos demos cuenta de que todos luchamos por lo mismo, las cosas cambiarán muchísimo.
Valladolid no ha sido, tradicionalmente, una plaza fácil para la música clásica.
Sí, pero a mí me atraen los retos. Soy de coger el toro por los cuernos. Si llego a un lugar y veo que hay un problema importante, aunque sea el más incómodo de afrontar o difícil de solucionar, empiezo trabajando por ahí. Y en este caso, a mi juicio, era el tema del público, que había empezado a convertirse en un asunto delicado. Antes de venir aquí ya había escuchado en diversas ocasiones y a diversos artistas y agentes hablar del Auditorio Miguel Delibes como un lugar espectacular pero con poca gente en las salas. Eso se me clavaba y por eso, antes incluso de venir, ya sabía por donde iba a empezar a trabajar. Si el tema del público empieza a funcionar, el resto ya es más fácil. Además, sólo entonces puedes tener justificación plena del presupuesto que recibes para gestionar un auditorio de estas características. No obstante, el Auditorio Miguel Delibes es aún muy joven y está situado a las afueras de Valladolid, una ciudad en la que aún cuesta salir del centro para algunas cosas. Este problema se solucionará solo con el tiempo, pero hay otras cuestiones que no se van a solucionar si no trabajas de manera proactiva.
PROYECTO EDUCATIVO Y SOCIAL
Tradicionalmente se ha considerado que en la creación de nuevos públicos los proyectos educativos son una gran herramienta. ¿Cómo habéis enfocado este aspecto?
En primer lugar, todo forma parte de una estrategia de creación de públicos global, en cuya creación estamos inmersos. Dentro de esta estrategia global nosotros estamos yendo a una gran variedad de públicos. Y de ahí el proyecto social. Hay personas que tienen el poder de decidir si vienen a un concierto o no y tenemos que ver cómo convencerles para que vengan, pero también hay grupos de personas, colectivos más desfavorecidos, que son con los que estamos empezando a trabajar, que ni siquiera pueden tomar esa decisión porque no tienen recursos económicos o de otro tipo. Hay muchas barreras. Y en eso es en lo que está basado nuestro proyecto social: la cultura y la música son bienes universales y tenemos que permitir que cualquier persona pueda disfrutarla. Por otro lado, tenemos que trabajar con los que sí pueden decidir. Estamos trabando con todas las edades. Todos somos plenamente conscientes de que un proyecto educativo con niños puede generarte público en el futuro, pero no quiero crear público sólo a través de este tipo de proyectos, sino también generar público con proyectos para todas las edades. Por eso nosotros hemos lanzado productos para bebés, para niños pequeños, para jóvenes, para público universitario y para una franja que me preocupa mucho, que es la que va de los 30 a los 40 años. Parece que esto es tierra de nadie, que es a los que en teoría les va a empezar a gustar la música clásica… Parece que para que te guste la música clásica tienes que tener más de 40 años… No es así. No puedo trabajar sólo con los niños, esperando que lleguen frutos dentro de muchos años, porque no sé si esos frutos van a llegar o no. Voy a trabajar con ellos, pero también con todos los grupos de edad. Si ves toda nuestra programación, tanto los conciertos escolares como los proyectos formativos, cada uno está pensado para un tipo especial de edad. Además, para nuestros ciclos, hemos lanzado entradas de último minuto a 1 euro para menores de 25 años, y con estas entradas puedes ver a artistas como Mehta, Barenboim o Gheorghiu. Pero a mí lo que me interesa que este público venga y que diga “qué pasada, vaya conciertón que he visto y me ha costado un euro”. Y si a esa persona que ahora se ha gastado un euro consigo generarle un gusanillo para que dentro de tres meses piense que le apetece volver a un concierto… Hay que ser ambiciosos, pero dentro del realismo. A partir de ahí, esa persona,cuando tenga 26 años en lugar de venir a siete conciertos a un euro, vendrá dos veces, pero vendrá, porque la música ya le habrá enganchado. Y para mí eso es lo que importa, que venga, porque esas personas luego arrastran a otras y porque cuando das con una persona que es líder de opinión, esa persona, sin saber cómo, te trae a diez personas más de su círculo y edad.
MODELOS DE GESTIÓN
El Delibes es un ejemplo paradigmático de los grandes centros culturales que se han construido en España en los últimos veinte años, centros que a veces se tiene la impresión de que viven de espaldas a la propia vida cultural de la ciudad, centros que se conciben más como escaparate para grandes artistas internacionales que como espacios para la creación y la incentivación de la vida cultural de la propia ciudad o comunidad. Tú todo esto, ¿cómo lo entiendes?
Considero que una institución da la espalda a la sociedad, hablando de este tipo de infraestructuras, únicamente cuando no se esfuerza por dotar de contenidos a esa infraestructura, que es algo que aquí afortunadamente no ha pasado. Entiendo que aquí se ha creado un gran edificio con una clara voluntad de que evolucione y de llenarlo de contenido y de discurso. Entonces viene el segundo apartado. Si tú intentas generar un discurso de manera demasiado heterogénea tu posicionamiento va a ser mal recibido o mal entendido por mucha gente. Cada tipo de música o artistas tiene unos circuitos determinados y no porque sean compartimentos estancos. Si aquí hiciéramos una programación tan heterogénea y heterodoxa, por decirlo de alguna manera, en la que programáramos de todo, al final terminaríamos más espantando al público que atrayendo nuevo. Esto es algo que está bien documentado por otros centros que han pasado por esto, porque al fin y al cabo estamos hablando de estrategia: cuál es mi misión y cuál es mi posicionamiento. Y eso es lo que hay que defender a capa y espada. En el momento en el que programas sin criterio y simplemente por una ventaja que tú percibas, como es implicar más a la cultura local, puedes modificar, incluso sin saberlo, tu posicionamiento de cara al resto de tus públicos. Hay que tener muy claro cuál es tu misión y una parte importante de la misión de este centro es dotar a la ciudad de una vida cultural que antes no tenía. Esa vida cultural propia a la que haces referencia siempre ha tenido su circuito en la comunidad y lo seguirá teniendo y no necesariamente porque haya un gran auditorio va a mejorar su estatus o se va a implicar más la gente. Y a pesar de todo lo que te estoy diciendo, nosotros, en pequeñas dosis, lo estamos haciendo. Lo estamos haciendo con el proyecto coral con el que queremos vincular a todas las corales amateurs de la comunidad, precisamente para que la gente participe, lo estamos haciendo con el “Delibes +” ofreciendo a grupos locales la posibilidad de hacer de teloneros de grandes grupos internacionales… Lo estamos haciendo en dosis que considero que no sólo no perjudican a nuestro posicionamiento, sino que suman aún más valor.
Una de las decisiones polémicas que se tomó antes de tu llegada en este auditorio fue traer como grupo residente a Il Giardino Armonico, un grupo italiano, frente a la posibilidad de apoyar a algún grupo español. Esto entronca con un matiz de concepción con respecto a qué papel debe jugar un centro cultural de este tipo en el campo de la promoción, la innovación, la producción, la residencia de artistas, etc… Y con la misión que debe cumplir un auditorio.
Pregunta complicada. Cuando llegué aquí defendí que no iba a hacer “tabula rasa” con lo que se había hecho porque me parecía perjudicial para el auditorio, independientemente de que me gustara más o menos lo que había antes. No voy a hacer programación de autor. He tenido en cuenta que había que terminar los proyectos, y más cuando están demandados por el público, como es el caso de Il Giardino Armonico, y, por tanto, había que mantenerlo. Cuando llegué quería ir dotando a la programación de un nuevo aire, pero poco a poco. Sí que es verdad que, a nivel de decisiones prácticas, ya hemos tomado una: que el Jerusalem Quartet ya no es cuarteto residente y hemos apostado por uno español y además con proyección, que es el Cuarteto Quiroga. Esto no lo voy a hacer con todos los grupos residentes a la vez y hay grupos que si aportan un proyecto de valor, independientemente de que sean extranjeros, seguirán aquí aportando eso. Hay que buscar un equilibrio. Es la frase tópica de siempre pero que luego no nos creemos: si no apoyamos nosotros lo nuestro, quién lo va a apoyar. En España, los programadores tenemos que ganar mucha seguridad en nosotros mismos para tomar determinado tipo de decisiones. Lo que pasa es que el riesgo hay que saberlo gestionar bien, porque si no, a lo mejor por un par de decisiones equivocadas desvirtúas el proyecto entero. Por eso la prudencia es una de mis máximas a la hora de programar. Los programadores no estamos aquí únicamente para programar lo que nos gusta, nos tenemos que adaptar al contexto, al público que ya tenemos y a las inercias creadas para seguir construyendo sobre lo que nos hemos encontrado.
LA CRISIS ECONÓMICA Y LA CULTURA
En las últimas décadas en España nos hemos esforzado mu- cho por dotarnos de infraestructuras y por dar contenido cultural a estas infraestructuras. Pero ahora, de pronto, con la crisis, parece que estamos tirando por la borda el arduo trabajo de estas décadas y las programaciones de estos centros están pasando a ser contempladas más como resultado de lo inevitable que como expresión de lo deseable. ¿Cómo crees que está afectando la crisis económica a la cultura y a las artes escénicas en particular?
En primer lugar, cuando se habla de estos temas evito mirarme al ombligo y pensar que lo que hago es lo más importante del mundo. El relativismo es muy importante. Partiendo de ahí, creo que si hay recortes en todo, en cultura no vamos a ser la excepción. Se está recortando en todos los ámbitos… En un contexto de crisis hay que adaptarse y hay que reducir la actividad. La crisis nos da una oportunidad muy grande que en España tenemos que aprovechar: nos va a obligar a pasar de la eficacia a la eficiencia. Ya no basta con hacer, hay que saber ofrecer el mismo valor con recursos más ajustados. Eso es la eficiencia y tenemos que aprender a golpes porque no nos queda otra. Dicho esto, ¿en qué creo que va a afectar? El problema es cuando los recortes pasan de un umbral mínimo y hacen que el proyecto se interrumpa. Si las instituciones no son capaces de generar continuidad para un proyecto en el que han estado invirtiendo durante 20 años… Entiendo los recortes, entiendo que si tienes 100 conciertos pases a hacer 50, pero ahí no se acaba el mundo. Lo que hay que salvar es la filosofía, la misión, la identidad, la finalidad… y los tiempos ya pasarán. Si mantienes tu esencia, saldrás reforzado. El problema es que hay proyectos de los que directamente han destrozado la esencia, han cortado por lo sano, y para mí es un craso error. No significa que estés ahorrando un poco, significa que la inversión que has hecho durante muchos años la has tirado a la basura. Pero creo que, a día de hoy, en España, de esos hay pocos casos. No creo en algo tan generalista como que la crisis realmente esté acabando con la música; creo que estamos sufriendo recortes, como está pasando en todos los ámbitos, y que es necesario. Lo que pasa es que, como siempre nos hemos sentido los últimos de la fila y siempre nos hemos creído pequeños, tenemos el complejo de pensar que siempre nos dan a nosotros más que a nadie, pero esta vez le están dando a todo el mundo, hay mucha gente que está en el paro y cada vez más gente que está en el umbral de la pobreza… Creo que tenemos que ser justos y consecuentes con la situación que nos ha tocado vivir, y si tenemos recortes tenemos que aprender a gestionarlos.
Sí están desapareciendo, por ejemplo, muchos festivales…
Bueno, la situación de muchos festivales en España no era sostenible. Sólo en Cataluña, casi en cada localidad, había un festival. Y podía nacer como un proyecto pequeño y de repente un pueblo de 5.000 habitantes quería tener un festival con grandes nombres porque lo quería utilizar como reclamo turístico y generar riqueza. Pues ha habido un momento en el que todo esto ha reventado igual que la construcción de apartamentos. Pero es que más que proyectos culturales eran proyectos con otro tipo de connotaciones. Y por eso es normal que los festivales medianos o pequeños que no tenían un proyecto claro, una identidad definida, estén desapareciendo.
Cuando aquí hablamos de cultura y de su financiación, y más concretamente de la financiación de la música clásica, no podemos olvidar que esta es abrumadoramente pública, que hay escasa financiación privada y que lo que paga el público, que podría ser una parte importante de esta financiación, tiene una escasa incidencia. En esta búsqueda de la eficiencia y de la sostenibilidad de los proyectos, ¿no deberíamos también contar con una política de mayor equilibrio en la aportación del público?
Hay un tema que defendí en rueda de prensa cuando anuncié que íbamos a subir un poquito los precios. Las instituciones públicas tiene que favorecer el acceso de todos los ciudadanos, eso está claro, pero si las instituciones siguen aportando 95 y el ciudadano sigue pagando 5, el ciudadano tiene que ser como mínimo consciente de que un día no podrá tener esa actividad. Pero al público no se le ha explicado esto. No conocen los costes y 20 euros les parece caro cuando igual el precio real es de 300. Pero al fin y al cabo es un esfuerzo de comunicación, que es lo que siempre falta. Tenemos que hacer un gran esfuerzo de comunicación con la orquesta, con la programación y con la política de precios. Los precios no son siempre un factor determinante, no son una barrera. El que quiere venir, viene, independientemente de si cuesta 5 euros más o menos, y para los que no pueden pagarlo, no hay que preocuparse porque ya estamos haciendo las acciones necesarias para que puedan venir (tenemos grandes descuentos para desempleados, entradas a 1 euros para jóvenes, el proyecto social…). Nosotros tenemos que hacer el esfuerzo de explicarlo para que ellos entiendan que las instituciones van a seguir aportando una cantidad enorme pero que ellos tienen que hacer un mayor esfuerzo si quieren seguir disfrutando del mismo nivel de programación que había hasta ahora. Y con el modelo de entorno económico en el que creo que vamos a desembocar, la sostenibilidad será muy importante. Dentro de unos años tal vez se vuelva a inflar todo, pero el entorno que nos vamos a encontrar después de la crisis es este: o eres más sostenible o no vas a poder desarrollar tu actividad.
- Javier Rozas -
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2 comentarios a FÉLIX ALCARAZ: “Es importante cambiar el modelo de gestión de públicos. Ya no es posible un modelo pasivo, a la gente hay que ir a buscarla”










He leido con verdadera fruición la entrevista. Gracias por todo su contenido.El ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música de la UAM, celebra este curso su XXXVIII edición. La actividad iniciada: “Dále créditos a tus oídos”, con una matrícula de casi 40 estudiantes, es un germen de esperanza para la permanencia del ciclo. Comparto plenamente el espíritu que transmiten las declaraciones de Félix Alcaraz. El valor de la música nunca quedará desvirtuado por las nuevas estrategias para captar nuevos públicos.
¡Enhorabuena a Variaciones por esta interesante entrevista!
El ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música de la UAM, celebra este curso su XXXVIII edición y la actividad: “Dále créditos a tus oidos” es un germen de esperanza para la continuidad del ciclo. Comparto el espíritu que transmite Félix Alcaraz. El valor de la música nunca quedará desvirtuado por las nuevas estrategias para captar nuevos públicos.