Clásica Entrevista
HIPPOCAMPUS, Décimo Aniversario: “Tocamos para conmover y emocionar”
mayo 2010
Hippocampus es un grupo que entusiasma. Desde que empezó hace 10 años como cuarteto hasta hoy en día, con una formación de medio centenar de músicos, son muchas las cosas que han cambiado en esta orquesta especializada en repertorio histórico, pero hay algo que perdura desde esos primeros días: la ilusión y las ganas de transmitir música, de llevar al público un trocito del alma de esos grandes compositores que firmaron algunas de las mejores páginas de la historia de la música.
Hippocampus hace las cosas de una manera especial, con un sello propio que se nota en sus interpretaciones y en la emoción que emana de sus conciertos. Quizá por esa espiritualidad que buscan en su música o quizá porque como dice más adelante Richard Egarr, director musical de The Academy of Ancient Music y principal director invitado de Hippocampus, todos y cada uno de ellos aman lo que hacen, lo cierto es que el grupo deja su impronta allá por donde va. Sirvan para explicarlo las palabras de uno de los integrantes del grupo, el oboísta Xavier Blanch: “Cuando Richard Taruskin aseguraba que la interpretación de la música antigua con criterios históricos se lograba con ‘evidencias muy tenues apuntaladas en deseos muy firmes’ se olvidaba de algo importante: a los músicos de cualquier época nos basta con seguir la directriz de C.P.E Bach, que afirma que ‘se debe tocar desde el alma, y no como un pájaro amaestrado’. Esta afirmación, que podría parecer una verdad de Perogrullo, se pierde a menudo de vista en nuestro ímprobo esfuerzo por hacer que convivan la tecnología más puntera con los antiguos tratados y los instrumentos de época”.
Al frente del grupo, en una figura de director quizá algo atípica, está Alberto Martínez Molina. “En Hippocampus sabemos que la intemporalidad de la belleza no debe verse mermada por lo normativo ni por los dogmatismos, y hacer realidad dicha premisa recae en la atípica figura de nuestro ‘director/no director’ Alberto Martínez Molina, que sabe que distinguir lo trivial de lo profundo es tarea simple cuando dejas que los instrumentistas y cantantes vayan más allá de los patrones arquetípicos –explica Xavier Blanch–. Alberto no practica la apropiación monopólica de la dirección, ni elabora certificados de racionalidad musicológica que justifiquen nuestra interpretación. A diferencia de muchos líderes musicales, sabe que estar convencido no es suficiente y que ser convincente pasa necesariamente por ser capaz de privilegiar la intuición y la sensibilidad de todos y cada uno de los miembros del grupo. No teme dejarse llevar por la alquimia de lo desconocido y, dando hueco a lo inesperado en una liturgia de la convivencia, coquetea con la incertidumbre sin las habituales cegueras paradigmáticas a las que nos tienen acostumbrados muchos de los nombres propios de la música antigua políticamente correcta de nuestros días”.
“Hippocampus, desde su novedoso quehacer, consigue legitimar la emoción en cada frase, huyendo del mero acopio intelectual y apostando sin ambages por la expresividad, para trascender así la trivialidad del discurso. Y en un acto de unanimidad polisémica, cada músico del grupo sabe que su voz es, en los ensayos, en los conciertos, en las grabaciones, una parte y un todo en sí mismos, una porción de la sinceridad hecha música”, añade Blanch. Aquí damos voz a sus cuatro miembros fundadores: Alberto Martínez Molina, director artístico y musical del grupo, Jordi Comellas, violagambista, Kerstin Linder-Dewan, violinista, y Rachel Elliott, soprano.
Hippocampus celebra su décimo aniversario. ¿Cómo fueron los comienzos del grupo?
Alberto: Rachel, Kerstin y yo habíamos coincidido como estudiantes en la Guildhall School of Music and Drama de Londres a principios de los 90; Jordi y yo nos conocimos en Madrid unos años después. En primavera de 2000 decidimos fundar Hippocampus y en verano de ese mismo año dimos nuestro primer concierto; llevábamos ya unos cuantos años tocando juntos por aquel entonces…
Siempre han tenido una vinculación especial con la figura de J. S. Bach, ¿no es así?
Alberto: Sí, de hecho ese primer concierto en julio de 2000 fue un homenaje a J. S. Bach en el 250 aniversario de su muerte. La admiración por Bach, que profesamos todos los integrantes del grupo, es sin duda uno de nuestros más esenciales puntos de encuentro; creo no equivocarme al decir que muchos de nosotros decidimos en nuestra adolescencia hacernos músicos profesionales gracias a su música. Hippocampus y La Capilla Real de Madrid son desde 2004 los dos grupos residentes del ciclo “Las Cantatas de J. S. Bach” que organiza el Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid, y esto significa que durante más de la mitad de nuestra existencia como grupo hemos convivido de manera regular y directa con este repertorio. Además, en este tiempo hemos tocado los seis conciertos de Brandemburgo, las cuatro suites orquestales, conciertos de solista y orquesta… La vinculación es clara y evidente, es casi una seña de identidad.
Sin embargo, no todo es Bach en Hippocampus.
Jordi: Efectivamente, nuestro repertorio abarca desde el Renacimiento hasta el clasicismo. Nos interesa profundizar en aspectos muy concretos de los diferentes estilos y épocas. Por ejemplo, la íntima relación entre texto y música que se establece en el primer barroco italiano, o explorar el aspecto más camerístico del repertorio, ya sea el francés, el alemán o el italiano. No podemos disimular cierta debilidad hacia el repertorio alemán de la generación anterior a Bach, particularmente Biber y Krieger. En el caso de Johann Philipp Krieger hemos “desempolvado” sus 12 sonatas a trío para violín, viola da gamba y clave. Por primera vez se ha grabado la integral de estas 12 extraordinarias sonatas. Para nosotros, la recuperación del patrimonio debe ir ligada a la calidad musical, y si así ocurre en el caso de la música de Krieger, lo mismo sucede con las sonatas para oboe y continuo de Giuseppe Sammartini de la Sibley Music Library. Su recuperación por parte del oboísta del grupo, Xavier Blanch, nos ha permitido disfrutar de esta música, de una belleza y frescura sorprendentes.
Y en cuanto a la música española, ¿entra también dentro de su repertorio?
Jordi: Sí, por el momento nos hemos centrado en el Renacimiento y primer Barroco en su aspecto instrumental. Nos interesa mucho explorar el desarrollo de la música instrumental a través del estudio de las formas de interpretación propias de la época, como por ejemplo el uso de la glosa. Fruto de todo ello surgió el programa El Arte de la Glosa, en el cual participa el flautista Fernando Paz. Dicho programa nos permite sumergirnos en el mundo de la improvisación instrumental, una práctica de lo más habitual en el Renacimiento. Siguiendo este criterio, Hippocampus se sumará a la celebración del centenario de Antonio de Cabezón con un concierto en el marco del Festival Internacional de Santander en agosto de este año.
Hippocampus graba su próximo disco en directo este mes de mayo, con tres cantatas de Bach y el Sexto Concierto de Brandemburgo. Será su séptima edición discográfica, ¿cómo han sido sus anteriores trabajos?
Kerstin: Al hilo de lo que apuntaba Jordi antes, podríamos decir que con Johann Philipp Krieger existe también un estrecho vínculo. Bach creció rodeado de música de esta calidad: cada una de sus sonatas es una pequeña perla. El primer volumen de su op.2 fue nuestro disco de debut, e igualmente disfrutamos grabando hace poco el segundo volumen, que pronto saldrá al mercado. En otro proyecto discográfico, Les Goûts Réunis, que incluyó música de cámara de J. S. Bach, Telemann y de C. P. E. Bach, tuvimos la fortuna de trabajar y aprender de la inmensa sabiduría musical de Jaap Schroeder, uno de los verdaderos pioneros de la música antigua, concertino durante años de The Academy of Ancient Music. Fue un honor y una inspiración tocar y grabar con alguien de su categoría y experiencia. Recientemente editamos otro disco monográfico nacido del ingenio de nuestro oboísta Xavier Blanch: un oboe y siete continuistas tocando las bellas y coloridas sonatas de Giuseppe Sammartini.
Rachel: Aparte de esos discos, también tenemos otros de carácter vocal. Aunque el repertorio y la plantilla han sido muy distintos, la actitud ante la música y el proceso de grabación fueron muy similares. Este próximo proyecto que afrontamos ahora continúa en la línea de nuestro primer disco en directo de cantatas de Bach que grabamos en verano de 2008, también junto a Jordi Domènech y Jesús Aréjula. Sin duda el grupo conoce muy bien el repertorio, pues llevamos trabajando en él muchos años. Esto se traduce en que afrontamos las grabaciones sin tanto estrés, nos encontramos cómodos haciendo esta música… Supongo que esta situación es la que nos da la confianza para grabar en directo, en vez de hacer las sesiones habituales que incluyen tanta labor de edición posterior en el estudio. La otra grabación fue la del CD Lasciatemi morire, un recital con música de Caccini, Frescobaldi y Monteverdi. En él alternamos las obras para voz y clave con el recitado de los textos y poesías en español por parte de la actriz Gonzala Martín Scherman. Como en el caso de las cantatas, cuando llegamos a la grabación habíamos ofrecido y trabajado el programa en concierto en muchas ocasiones y pudimos estar relajados, concentrándonos en dar nuestra interpretación personal de estas piezas.
Todos sus trabajos han sido publicados con Arsis. ¿Trabajan ya casi en familia?
Jordi: Así es. Recuerdo perfectamente cuando en 2003 llamamos a Pilar y Fernando, los propietarios de la discográfica, para proponerles la grabación de la primera parte de las sonatas a trío de Krieger. Desde el primer momento hubo una comunión total. Para nosotros ha sido muy importante sentir que nuestras ideas eran valoradas. Arsis siempre ha apoyado las propuestas que les hemos presentado con respeto y entusiasmo. Prueba de ello es que Hippocampus edita casi un disco por año.
Alberto: Arsis es una discográfica española que apuesta principalmente por grupos nacionales. Con varias decenas de títulos en su catálogo, siguen día a día trabajando con tesón, rigor y seriedad. Desde Hippocampus siempre les estaremos agradecidos por la confianza demostrada en su apuesta por nosotros.
Su presencia también es importante fuera de España. Háblennos de ella.
Kerstin: Tal y como mencionó Alberto al principio, coincidimos como estudiantes en Londres a principios de los 90 y nuestro primer concierto fue precisamente allí en el año 2000, con motivo del Festival Bach de la iglesia luterana. Desde entonces hemos vuelto a tocar en Inglaterra en varias ocasiones, por ejemplo en el Festival St. Ceciliatide, también en Fenton House, lugar donde está la famosa colección de claves Benton Fletcher… Rachel vive en Eton, cerca de Londres, ciudad en la que yo viví hasta hace unos años, cuando me mudé a Berlín. Así que hay dos “embajadoras” de Hippocampus en Inglaterra y Alemania respectivamente. En Alemania hemos dado muchos conciertos: en Passau, en Munich (tocando música española en el Instituto Cervantes), en el Kulturforum de Berlín… Hay más conciertos planeados en mi país, y un día todos esperamos que nuestro sueño se haga realidad: tocar donde Bach trabajó y ahora descansa, en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig. De todas formas, gracias a Alberto, que trabaja sin descanso, el hogar de Hippocampus es claramente España, con más de cincuenta músicos ligados al grupo, entre cantantes e instrumentistas.
El importante papel que Hippocampus otorga al canto es una constante en su historia. ¿Qué lugar ocupa en la vida de la formación?
Rachel: Nuestro primer concierto incluyó mucha música vocal, y aunque el grupo a menudo ofrece programas puramente instrumentales, los músicos de Hippocampus creemos y sentimos que todo el repertorio nace de lo vocal, del canto. Después de todo, somos grupo residente de un ciclo de cantatas… Me impresiona la consideración con la que todos tratamos el texto, siempre lo sentimos como la base de nuestra interpretación, sea cual sea el repertorio. Esta concentración en un objetivo común –expresar y comunicar el sentido de las palabras al público– no deja lugar para egos individuales y nos ayuda a sentirnos parte de un equipo.
¿Cómo ha sido la evolución del grupo en estos diez años?
Alberto: Ha ido todo despacio, paso a paso. Fundar un cuarteto y hacer música de cámara poco tiene que ver con liderar un grupo de unos cincuenta músicos, muchos de ellos grandes solistas. Esto no se hace de un día para otro y nos ha llevado diez años, en los que ha dado tiempo a equivocarse, rectificar y aprender, volver a tropezar, levantarse de nuevo… Saber trabajar en equipo es complejo, pero hoy por hoy me siento muy feliz de estar colaborando con maravillosos artistas y mejores personas, y también muy agradecido a todos los músicos, sin excepción, que en estos diez años han pasado por Hippocampus.
Con su primera década a las espaldas, ¿cómo se ve el futuro?
Alberto: No sé cómo será el futuro ni lo que le depara a Hippocampus, pero me gustaría que pudiéramos hacer las cosas bien, sin prisas, que siempre nos sintiéramos orgullosos de cada nuevo paso que demos, de cada nuevo proyecto, y que nunca perdiéramos de vista nuestros principios, el amor a la buena música y un serio compromiso con nuestra labor como intérpretes: tocamos para conmover y emocionar, no hay razón históricamente informada mejor documentada que esa.
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Por qué grabamos discos en directo, por Patricia Mora, organista y clavecinista de Hippocampus
“La música es un arte del tiempo y su lenguaje vive en el instante. La interpretación de una pieza es un lance temporal, un acontecimiento que trata con materia perecedera: el sonido. Su propósito final es la experiencia artística por medio de los sentidos y con el alma como resonador principal; es vibración por segundo y tras ese segundo muere. Nos encontramos en el maravilloso límite de lo irrepetible. En un acercamiento somero a la vivencia musical podríamos decir que es posible vivir una experiencia catártica en un concierto pero también que podemos aburrirnos soberanamente. Y con la escucha de un disco ocurre lo mismo, podemos tener una experiencia de gran emoción ya sea una grabación en directo o no. Luego objetivamente no podríamos decir que existe la opción ideal. Sin embargo, si puedo elegir y tengo que escuchar un instante congelado en el tiempo, prefiero participar de algo que fue único y que sucedió una vez. Si acaso hubo algún error o se oyen ruidos ajenos al hecho musical, seguramente no será tan terrible como para imposibilitar el disfrute de la obra. En contraposición, las grabaciones editadas por partes y fragmentos harán gala de una definición perfecta, pero… ¿y la coherencia interna, la retórica de las frases, la concepción de la obra como unidad? ¿Dónde están la respiración y el ritmo del latido que de natura rigen nuestra vida? Si abanderamos la interpretación con criterios historicistas, si buscamos la fabricación artesanal de las cuerdas de tripa, los plectros de cañón de pluma, y la digitación según los tratados de la época, ¿en qué lugar queda el montaje de las distintas tomas de un compás? Si es que se graban también las emociones, que es lo que en realidad pretendemos en última instancia ya que tratamos con una forma artística, ¿no se grabarán con más claridad en el continuo espacio-tiempo que cortadas y vueltas a recomponer? ¿Y si para poder influir verdaderamente en el espíritu debiéramos ofrecerle el arte en la forma más auténtica posible? Al igual que diferenciamos por medio del gusto un tomate ecológico de otro que no lo es, salvando la enorme distancia del símil, ¿no le ocurrirá igual al alma? Y, dado que somos artistas y es el arte nuestro quehacer, ¿acaso no es aquello que al alma atañe lo que nos importa?”.
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“Aman lo que hacen, porque están haciendo lo que aman”, por Richard Egarr, director musical de The Academy of Ancient Music y principal director invitado de Hippocampus
“Siempre me produce una gran alegría encontrar a un músico con quien compartir un compromiso serio y total con el verdadero hecho de hacer música, con alguien no sólo interesado en detalles técnicos o musicológicos. Fue por ello un placer dar clase a Alberto a principios de los 90 en la Guildhall School of Music de Londres: siempre demostró una gran inteligencia y una profunda sensibilidad por la música que investigábamos juntos. Nuestra relación creció y se hizo cada vez más estrecha, de forma natural nos sentimos cada vez más cerca, como músicos y como amigos. No ha sido para mí una sorpresa que, desde la fundación de Hippocampus en 2000, alguien como él haya sabido llevar a la formación a ser el grupo de la calidad y el inmenso talento que es hoy en día. El trabajo que todos han realizado, tanto en conciertos como en grabaciones, es excepcional. Estoy muy orgulloso de ser parte de Hippocampus y ser invitado a dirigirlo. Conocía a muchos miembros del grupo desde sus comienzos y fue un enorme disfrute hacer música con ellos por vez primera en 2005, en particular en el ciclo de Cantatas de Madrid. Todos los músicos del grupo son solistas extraordinarios, pero también consumados músicos de cámara. Trabajan juntos con admirable profundidad, compromiso, honestidad y, lo que es más importante, humildad ante la música. Ciertamente, no es “trabajo” venir a dirigir Hippocampus: aman lo que hacen, porque están haciendo lo que aman. Todos son responsables de esto, pero es a Alberto a quien hay que agradecer en particular haber sabido guiar todos los elementos para consolidar un grupo de estatura internacional. Ojalá continúe siendo así por muchos años. Estoy feliz de volver a estar con ellos a finales de este mes con más cantatas de Bach. Espero que el futuro traiga consigo muchos otros proyectos y apasionantes repertorios, como Handel, Mozart o Haydn… ¡estén atentos!”
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2 comentarios a HIPPOCAMPUS, Décimo Aniversario: “Tocamos para conmover y emocionar”












Hace tiempo tuve la oportunidad de asistir a uno de vuestros conciertos de Cantatas en Madrid y me fascinó vuestra fuerza. Desde entonces os he vuelto a escuchar en diferentes lugares y siempre salgo con la misma buena sensación. Gracias por vuestra música.
¿Es posible encontrar grabación de vuestro concierto en la Iglesia de San Pedro de Noja el 13 de Agosto? Lo escuche en radio clásica y fue emocionantísimo. ¿Están grabadas algunas de esas piezas?, especialmente me conmueve el canto del Cavallero.
Muchísimas gracias.