Entrevista Jazz
IÑAKI SALVADOR: “La autoedición de discos de jazz se está convirtiendo en algo no exclusivo pero sí mayoritario en el jazz español”
febrero 2010
En poco más de un mes, el pianista, compositor y arreglista Iñaki Salvador ha puesto en el mercado dos discos con características bien diferentes, El primero, “Espacio abierto” (Quadrant Records), es un disco de jazz moderno en formación de trío en compañía de Francis Pose al contrabajo y José Vázquez ‘Roper’ a la batería. El segundo, “Te doy una canción”, es una autoproducción y, al frente de un sexteto, da rienda suelta a dos de sus pasiones: la música de los cantautores y la poesía. A Iñaki Salvador, que es un músico polifacético que tanto compone música para cine y teatro como acompaña a otros artistas (fue el apoyo necesario de Mikel Laboa durante muchos años) o imparte clases de piano en Musikene (Centro Superior de Música del País Vasco), hay que reconocerle el mérito de haber mantenido la llama del jazz viva en el País Vasco.
Dos discos editados en poco más de un mes. ¿Esto es bueno o malo?
Es fruto de las circunstancias, son dos proyectos que caminan paralelos y de manera independiente en mi quehacer musical y la salida al mercado de los discos ha coincidido en el tiempo. Hubiera preferido distanciar un poco más ambas ediciones, siempre comercialmente es más interesante, pero no creo tampoco que vaya a influir negativamente en su difusión, son dos trabajos muy diferenciados musical y artísticamente.
El primero en aparecer ha sido Espacio abierto ¿Cómo surge la posibilidad de grabar el disco?
Se trata de un impulso compartido por los tres músicos que ahí trabajamos. Una vez nacido el trío y puestas en marcha varias pequeñas giras vimos con alegría que el proyecto crecía con salud, que el público lo celebraba con nosotros, y por tanto nos decidimos a convertirlo en álbum para apoyar la vida del grupo como banda de directo que es lo que esencialmente somos. Nos hemos autoproducido el disco y hemos decidido sacarlo bajo el sello Quadrant Records por nuestra buena relación de muchos años con Josep Ramón Jové.
¿El disco es una muestra de lo que tocan juntos o han compuesto alguno nuevo para la ocasión?
Las dos cosas, hay creaciones nacidas expresamente para el trío y hay adaptaciones, con nuevos arreglos y concepto, de música que hemos tocado cada uno de nosotros en otros grupos y formatos.
Usted aporta cuatro temas, ¿por qué los eligió?
Ezpatadantza es un arreglo creado expresamente para este trío a partir de la bien conocida “danza de las espadas”, tan popular en el País Vasco. Lo mismo puedo decir de Alferretan, canción popular vasca para la que he creado un nuevo arreglo pensando en este trío en concreto, en nuestra manera de tocar y de improvisar. Cántico es un tema que estrené en mi disco Faro, en formato de noneto y que he querido recuperar ya que en aquella ocasión mi papel en su desarrollo era de acompañante, sin parte solista, y disfruto improvisando sobre él. Su estética, además, encajaba perfectamente en los colores que como trío estamos explorando. Y por fin Abril en Granada fue una nueva composición que hice para una de nuestras giras previas a la grabación y que nos llevó en dicho mes por aquella ciudad.
Ezpatadantza y Alferretan son dos arreglos suyos sobre obras de Jesús Guridi y Aita Donostia. ¿Es esta una especie de reivindicación de los compositores clásicos vascos?
Viene siendo habitual en mi carrera musical la presencia más o menos notoria de música popular vasca o de autores vascos. Más que una reivindicación se trata del impulso natural de emplear materia prima cercana a la hora de trazar arreglos y texturas sobre las que improvisar. Siendo vasco es algo totalmente orgánico y lógico emplear canciones o danzas vascas para desarrollar a partir de ellas música propia.
Su último disco en el mercado es Te doy una canción, que es, prácticamente, una autoedición. ¿A que se ha debido esta decisión?
La autoedición de discos de jazz se está convirtiendo en algo no exclusivo pero sí mayoritario en el jazz español de las últimas décadas si exceptuamos un pequeño número de nombres bien conocidos. Con este proyecto hemos querido trabajar con tan sólo una ayuda de Gobierno Vasco y con total independencia a todos los niveles, tanto el artístico como el relacionado con la distribución, difusión y venta del disco. Estábamos en un momento en el que desde Vaivén Producciones (la empresa de teatro y música que junto a Ana Pimenta sostengo y nos sirve de soporte para nuestras creaciones) nos sentíamos capaces de liderar la producción con el ánimo de mimarla de la manera en que a veces en discográficas externas no es tan fácil.
Mezcla jazz, canción de autor y poesía. ¿Una mezcla explosiva?
Pienso que una mezcla tremendamente sugerente y en la que los tres artes se hacen favores mutuos y nos los hacen a quienes lo tocamos, recitamos y escuchamos.
Este tipo de canciones parece que remiten a momentos biográficos que han dejado más o menos heridas. ¿Las suyas las tiene cicatrizadas o le han removido el pasado?
Pienso que más que heridas evocan momentos de profunda emoción y las emociones no deben cicatrizar jamás sino bien al contrario, cuanto más abiertamente las expongamos al sol menos cerrarán y más regeneración nos suponen. Creo que estas canciones no son bálsamo para mitigar dolor sino brebajes para curarse en salud.
Este disco, ¿es un proyecto soñado o, de alguna manera, fruto de las circunstancias que se le han presentado?
Es claramente un proyecto soñado, un hijo muy deseado y buscado.
En la presentación del disco se lamentó de la falta de interés existente por distribuir en las tiendas discos como este. ¿Tan peor están las cosas?
La distribución siempre fue el caballo de batalla respecto al jazz nacional y eso no ha cambiado. Es muy difícil encontrar de manera continuada, eficaz y coherente discos de artistas españoles en las tiendas.
Siguiendo con lo anterior, ¿merece la pena seguir grabando discos?
Pienso que sí, al menos en el caso de los músicos de mi perfil, es decir, los que practicamos este estilo de música y estamos en contacto directo con el púbico a través de conciertos en salas de pequeño formato como los clubs o en casas de cultura o en grandes festivales en algunos casos. El día en el que nos llegaron las cajas con los discos de Te doy una canción tuvimos un concierto en Tafalla (Navarra) y se vendieron más de 30 discos a la salida. Ninguna tienda de Tafalla hubiera conseguido vender ese número de discos nuestros ni en dos años. Esa es la clave, para nosotros el disco es por un lado la manera de dar a conocer a los programadores de conciertos lo que estamos haciendo y por otro lado es un bonito soporte que el espectador puede llevar a su casa como recuerdo de un concierto que le agradó.
Va a estar muy presente en los escenarios de San Sebastián durante los próximos meses presentado estos discos, ¿no tiene miedo de saturar?
Las propuestas son musicalmente muy diferenciadas desde todos los puntos de vista y pienso que quien vaya a un concierto no necesariamente va a ir a otro. Y quienes vengan a todos confío en que comprobarán que los menús que voy a servir tienen cada uno de ellos sabor propio y calidad, más allá de quién sea el chef que está en los fogones y de si es el mismo en las diferentes ocasiones.
Desde su punto de vista, ¿cuál es la política que debe seguirse con el asunto de la piratería cultural en internet?
Si lo supiera pediría cita con el Ministro de Cultura y se lo contaría, debe de ser tremendo enfrentarse a ese problema desde las responsabilidades políticas. No tengo la menor idea, soy sólo un humilde músico. Lo que sí tengo claro es que nadie puede olvidar que tras toda creación existe un autor y que este debe tener al menos el mismo derecho que tiene un pastelero a que no le roben los pasteles del escaparate. A nadie se le ocurre decir que un pastel una vez puesto en el escaparate es patrimonio de la humanidad. ¿Y por qué no? Pues tan solo porque no se puede copiar. Si las tartas de queso se pudieran escanear los reposteros tendrían sus días contados y nos parecería a todos fatal. Es un asunto en el que cabe apelar a la ética de cada uno de los ciudadanos, al menos mientras se busquen soluciones satisfactorias para todos, autores y consumidores de cultura. Ampararse en que hay leyes o actuaciones abusivas por parte de, por ejemplo, SGAE, para seguir comiéndonos los pasteles “de gratis” es un ejercicio de hipocresía inaceptable.
La última: ¿qué tal se siente de abuelo?
Estupendamente. Ni engorda, ni es pecado, ni pago impuestos por ello. Es lo más cercano a la felicidad.
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