Clásica Entrevista

LA TEMPESTAD GRABA LA INTEGRAL DE LAS “SINFONÍAS SALOMON” DE HAYDN

enero 2012

El grupo La Tempestad acaba de realizar la grabación de la integral de las doce Sinfonías de Haydn en el arreglo o versión de referencia realizada en 1798 por el violinista y empresario Johann Peter Salomon. Es la primera vez que se realiza la grabación integral de estas sinfonías y ello ha sido posible gracias, primero, al trabajo inmenso que durante más de cinco años ha realizado el grupo La Tempestad, que lidera la clavecinista Silvia Márquez, y, en segundo lugar, por el compromiso del sello Música Antigua Aranjuez-Címbalo Producciones de Javier Estrella y el Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas de la Región de Murcia en el que a partir de 2012 La Tempestad será “grupo residente”. Sin duda es este un proyecto y una realidad que pone en evidencia el profundo cambio de mentalidad que se está produciendo en la producción y difusión de la música en España y especialmente entre aquellos músicos que quieren ver en la actual situación de crisis económica algo más que una oportunidad. Los cuatro discos con estas doce sinfonías estarán a la venta a partir de enero.

Hablamos con Silvia Márquez y Antonio Clares, líderes del grupo y animadores incansables de proyectos como el presente que han asentado el prestigio de la formación.

Que un grupo español sea el primero en grabar a nivel mundial esta integral de las sinfonías Salomon de Haydn resulta, a priori, sorprendente.

Es cierto. No existe una grabación integral de estas versiones de Salomon hasta el momento. Sí hay tres o cuatro grupos extranjeros que tienen grabadas algunas de las sinfonías en uno o dos discos. Pero como integral es la primera vez que aparece, y eso suponía un reto importante tanto para nosotros como para el sello discográfico, Música Antigua Aranjuez. A modo de reivindicación, podemos decir que estamos contentos de que sea un grupo español el que haya realizado esta integral. En esto debemos dar las gracias a Javier Estrella, porque de su mano estaba haberla encargado a cualquier grupo extranjero, como viene siendo costumbre en numerosas ocasiones en este país.

Algo está cambiando probablemente en el panorama de los grupos españoles.

Sí, efectivamente. Creemos que es hora de que se empiece a reconocer el trabajo de tantos músicos y grupos españoles que ven cerradas sus posibilidades aquí, por ser españoles, y allá, fuera de nuestras fronteras, por ser españoles. En cierto modo pareciera que los grupos españoles estamos obligados a dirigir nuestros esfuerzos únicamente a la recuperación de nuestro patrimonio, que ciertamente es importante, y que el repertorio universal es tarea de grupos foráneos.

La Tempestad es un grupo de formación variable y en este proyecto habéis trabajado con un número estable de músicos. Eso habrá tenido sus ventajas.

Las Sinfonías de Salomon nos han permitido contar durante muchos conciertos con el mismo número de músicos y crear así una complicidad que se siente en directo. Salomon nos ha dado la posibilidad de tocar con un número reducido de músicos estas obras maestras y de manejarlas a nuestro antojo, como si de un cuarteto de cuerda se tratara; el disfrute de la música orquestal mezclado con la inquietud de ser responsable único de cada voz, y, por tanto, tener también efecto directo en el resultado final. La belleza de estas versiones radica así en la frescura del diálogo espontáneo de la música de cámara. Como venimos diciendo hace tiempo, este ha sido uno de los mayores retos de nuestra vida musical. Y tenemos que agradecer a Salomon, más de doscientos años después, que se tomara el inmenso trabajo de realizar estos arreglos, además a conciencia y con gran oficio, como lo hizo.

El proceso de gestación de este proyecto ha sido largo.

Sí, ha sido bastante largo, y su origen está absolutamente ligado al Festival de Música Antigua de Aranjuez, donde tocamos por primera vez una de estas sinfonías en 2005. Javier Estrella, director del festival, nos propuso la grabación de la integral y, tras varias conversaciones, se firmó el convenio con el Auditorio y Centro de Congresos “Víctor Villegas” de la Región de Murcia. Sin la confianza plena de ambas partes en el grupo y el proyecto para nosotros hubiera resultado imposible acometer esta empresa.

Pero antes de la grabación las sinfonías se han escuchado en bastantes escenarios.

Desde esa primera aparición en Aranjuez hemos tenido la oportunidad de rodar las sinfonías en numerosos lugares: Teatro Real de Madrid, Auditorio de Murcia, Mayo Musical (Huesca), Festival de Música Española de Cádiz, Santillana del Mar, Auditori del Vendrell, Festival de Chiquitos (Bolivia), Encuentro Europeo-Boliviano de La Paz, Ciclo de la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal en Zaragoza, etc. La grabación también ha tenido diferentes localizaciones: comenzó en el Auditorio de La Alberca (Murcia), cedido por el Ayuntamiento de Murcia (gracias a Paco Franco Saura); continuó en el Auditori del Vendrell (con la colaboración y ayuda de Juli Grandía y su equipo); y finalizó en el Teatro del Palacio Real de Aranjuez.

Una grabación de este estilo siempre es también un juego y una aventura musical excitante.

Durante todo el proceso, los ensayos y grabaciones han sido, desde el atril, apasionantes y a la vez desconcertantes, debido a la partitura. Nuestra grabación está basada en un ejemplar de una edición de Salomon, publicada hacia 1800, cuyo original está en manos de Christopher Hogwood, gran estudioso de esta música. Apasionante ha sido tener delante la parte que los músicos del momento utilizaban, con sus propias anotaciones. Apasionante ha sido ver las diferentes articulaciones, por ejemplo, tanto entre la versión de Salomon y en el original de Haydn como entre las propias partes de una misma sinfonía, de manos de los músicos que utilizaron esta edición. Y aquí es donde viene el desconcierto: las incongruencias de las anotaciones nos ha llevado a más de un rato de discusiones, risas, sorpresas, decisiones, exasperación… y a la convicción de que la flexibilidad existía y de que se puede utilizar como juego expresivo.

Un proyecto de esta envergadura necesita de mucho compromiso por parte de muchas personas.

Claro, porque un proyecto tan prolongado en el tiempo está expuesto a muchos tipos de problemas, desde lo económico y puramente organizativo hasta lo personal. Detrás, en el día a día de la organización de La Tempestad, somos tres (Iñaki de Verástegui, Antonio Clares y Silvia Márquez), pero ha habido muchas personas gracias a las cuales el proyecto finalmente ha podido ver la luz. Paco Franco y Juli Grandía nos facilitaron la utilización de los auditorios de La Alberca (Murcia) y El Vendrell, donde se realizó la grabación de los dos primeros discos. Y, desde luego, el proyecto ha sido posible gracias a la gran implicación de los músicos: para todos nosotros es una experiencia gratificante, por supuesto, pero en muchísima mayor medida también extenuante. Y por otra parte el hecho de que el resultado se haga esperar en ocasiones desanima… De ahí nuestra ilusión ahora, al ver que, finalmente, el fruto de tanto esfuerzo sale a la luz.

Haydn, y sobre todo Salomon, podría decirse que son personajes que, además de músicos, hoy estarían de actualidad por su visión empresarial de la cultura y de la música en particular.

Efectivamente. Desde su llegada a Londres, Haydn tuvo que lidiar con una intensa vida social, intentó ser absolutamente cordial y diplomático y guardar buenas relaciones con las altas esferas, los programadores, los músicos y el público. Él era consciente de la necesidad de componer de un modo u otro dependiendo del éxito de la última sinfonía estrenada. Sorprende el espíritu empresarial con el que fueron concebidas sus doce últimas sinfonías, tanto en su versión orquestal como en el arreglo de Salomon. Él sabía que, más allá de sus aspiraciones morales y artísticas, su música tenía que agradar al público que, de otro modo, no pagaba el abono para los conciertos. El Morning Chronicle refería en un artículo de 1792 la existencia de al menos dieciséis series de conciertos de pago en Londres, aparte de las fiestas privadas, en las que el público podía admirar a directores e intérpretes de prestigio. Queremos creer que la competencia en aquel momento fue un factor esencial en la creación del rico entramado cultural de la metrópolis, riqueza de la que tanto se jactaban en los mismos periódicos: los conciertos se publicitaban y los intérpretes y directores de calidad servían de reclamo para un público de pago. Ojalá se repitiera esto en cualquiera de nuestras ciudades.

Hoy parece que no tenemos estas ideas tan claras.

Sí, parece que hemos dejado un poco de lado este aspecto. Hemos olvidado que el público va a los conciertos a disfrutar. Es cierto que en época de Haydn su música era estrictamente “contemporánea” y lo que se escuchaba era novedoso. Pero hoy, ¿qué pasa con la música contemporánea? Apenas recibe afluencia de público, quizás porque no está concebida para gustar. Si no conseguimos audiencia con la música que se compone hoy en día y no sabemos atraer a nuestros conciertos a un público que sabemos que disfruta con la música clásica… ¿qué va a ser de lo que llamamos “música culta”?, ¿qué va a ser de los alumnos que aprenden, amando la música, en los numerosos conservatorios españoles? Teniendo en cuenta las muchísimas opciones contra las que debe competir un concierto de música clásica (televisión, radio, cine, internet, pop, rock…) creo que está en nuestras manos despertar de nuevo el interés por este repertorio.

Despertar un nuevo interés, conquistar nuevos públicos para la música culta siempre estamos considerando que es una asignatura pendiente.

En nuestra opinión, despertar este interés pasa por dos principios básicos: calidad de la música, si la oferta no es buena el público no vuelve; y comunicación, antes, durante y después del concierto. El factor social tan obvio en el momento londinense de Haydn y Salomon, la relación público-intérprete y la comunicación en directo son los únicos valores externos –entendiendo como internos la calidad de las obras y de la interpretación– que ahora, frente a todos los avances tecnológicos que se ofertan, tiene la música clásica.

El momento económico es difícil y parece evidente que se va a hacer necesario cambiar las reglas por las que se regía la interpretación y difusión de la música culta y muy especialmente los grupos van a tener que plantearse nuevas formas de funcionamiento.

En estos momentos en los que las subvenciones, las ayudas públicas y la inversión en cultura caen en picado, la continuidad de un grupo pasa por la creación de pequeños ciclos propios, al estilo de los grupos ingleses o franceses, y por la creación de vías de patrocinio, la creación de un entramado que permita al grupo poder avanzar con nuevos proyectos artísticos y a los músicos una cierta estabilidad, necesaria también para que la implicación y la ilusión continúen. Hoy por hoy es imposible, y además no tiene ningún sentido, que un grupo sobreviva tocando en dos o tres festivales importantes o especializados al año.

Vosotros ya estáis dando pasos en ese sentido.

Sí. El pasado mes de octubre presentamos en la Ermita de San Antonio el Pobre (Murcia) el ciclo “Diálogos íntimos”, en colaboración con la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Murcia, que iniciará su andadura de modo estable en 2012: pequeños conciertos en un espacio con encanto, en la montaña, con un aforo limitado pero que plantea un nuevo modo de escuchar los conciertos, en contacto directo con los intérpretes. Estos conciertos serán de pequeño formato, con uno, dos o tres intérpretes. Se escucharán programas que siempre hemos creído muy interesantes: todos los compositores de la historia han escrito obras para uno y dos instrumentos, obras de gran valor y belleza que son difíciles de escuchar en directo hoy en día o que a menudo no encuentran el marco adecuado.

Y además vuestra residencia en el auditorio murciano.

El inicio de la colaboración con el Auditorio y Centro de Congresos “Víctor Villegas” de la Región de Murcia supone para La Tempestad un reconocimiento y un apoyo muy necesarios en este momento, con la posibilidad de contar con unas estupendas instalaciones para ensayos, grabaciones y conciertos y la tranquilidad de poder organizar con tiempo el estreno de los proyectos de cada temporada. Diversificar nuestras actividades y tocar y tener un público aficionado, que apoye y disfrute con los proyectos y conciertos que el grupo realiza, es imprescindible. 2012 va a ser el punto de partida de muchos pequeños proyectos que se han ido cociendo poco a poco, y que iremos anunciando en nuestra página web. Y queremos creer, ante el panorama desolador que se avecina, que es posible, por parte de los músicos, tomar parte de las riendas de la cultura musical. Nos va a tocar actuar como empresarios, organizar nuestros propios proyectos, crear un entramado parecido al Londres que se encontró Haydn, sentirnos todos un poco “Salomon”. En ello estamos…

 

UNA GRABACIÓN HISTÓRICA DE LAS DOCE “SINFONÍAS SALOMON”

Para la edición La Tempestad se ha servido de un original de 1800 con notas de los propios músicos contemporáneos de Haydn

La grabación por La Tempestad de las doce Sinfonías Salomon de Haydn es desde ya una grabación histórica, al ser la primera ocasión en que estas obras se registran por una misma formación y dentro de un concepto de “obra global”, desde la perspectiva de la recuperación no solo de un sonido, sino del espíritu de una música y una época. Las Sinfonías Salomon nacen de la relación establecida entre compositor y “empresario” y de los viajes que el primero realiza a Londres entre 1791 y 1795. “Haydn –dice Emilio Moreno en las notas a las grabaciones– es esperado con la máxima expectación, y junto a una frenética vida social de visitas y asistencias a eventos, nuestro músico trabaja junto a dos sinfonías, la 96 y la 95, sus primeras de la serie londinense, en una ópera nueva que le tendrá ocupado hasta el verano, L’anima del filosofo. (…) El éxito es total y absoluto, y el Diary londinense es entusiasta con el evento tan largamente esperado en el que al final se oye a Haydn como director y compositor. Su triunfo es inmediato”. Y así continuó en los siguientes años. “En agosto de 1795, poco antes de la partida definitiva de Haydn para Viena, firma con Salomon un contrato por medio del cual el compositor cede al violinista y empresario los derechos de sus seis primeras sinfonías londinenses. Más adelante, en febrero de 1796, Haydn firma la cesión de las seis últimas, con lo cual Salomon a partir de este momento se convierte en el verdadero propietario de las doce sinfonías que se han convertido en Europa en las composiciones más oídas y deseadas. En 1798 se realiza el arreglo de estas  sinfonías, siempre de la hábil mano de Salomon, esta vez para quinteto (flauta, dos violines, viola y violonchelo) con el añadido de un fortepiano “ad libitum” al que, no indicado pero obligado por la tradición, se podía (y debía) añadir un contrabajo junto al violonchelo, con lo que la riqueza en detalles, colores, matices y relieve de la estructura interna de las obras mejora de manera radical, y, con un orgánico reducido, se alcanzan grados altísimos de fidelidad sonora del original sin perder por ello la accesibilidad de medios que da un conjunto reducido a siete solistas. La grabación realizada por La Tempestad se ha hecho a partir de un ejemplar de una edición de Salomon de hacia 1800 que lleva indicaciones añadidas “a posteriori” por los músicos que las interpretaron en aquellos años, que dan especial luz al lector de nuestros días de cómo realmente las pudieron interpretar unos músicos que estaban muy próximos en el tiempo, y puede que hasta personalmente, al autor y su espíritu. No cabe duda que el segundo arreglo de Salomon aproxima infinitamente más el material al sonido original: la textura casi transparente y sobria de un trío en el que el fortepiano se ocupa de todo y solamente recibe las tenues pinceladas de color de un violín y un violonchelo optativos, es sustituida por la mucho más contundente y rica coloración de un cuarteto de cuerda al que el particular timbre de la flauta y la riqueza armónica del piano, con el lógico aporte de un contrabajo que el grupo La Tempestad inteligentemente añade, da un empaque y textura orquestal a un conjunto que, sin ser obviamente la versión completa con su perfecta luminotecnia y equilibrio dinámico, no resulta “pequeño” sino rotundamente íntimo, sin que se pierda la esencia de unas obras maestras que hoy siguen sonando tan frescas y rozagantes como el día de su estreno”.  

 

http://www.latempestad.es

 


 


 

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