Clásica Entrevista

PATRICK ALFAYA: “Puede que la recesión sirva para volver a ordenar y, que en algunos casos, el sentido común se abra paso en ciertas políticas culturales”

marzo 2010

Director de la Quincena Musical de San Sebastián

La Quincena Musical de San Sebastián, uno de los mejores festivales de nuestro país, empieza una nueva época con el cambio en su dirección: Patrick Alfaya, a quien entrevistamos en estas páginas, sustituye a José Antonio Echenique, al frente del festival durante tres décadas. La sucesión traerá consigo nuevos cambios, pero la Quincena continuará su camino.

A día de hoy, Quincena cuenta con el respaldo de un público incondicional, que abarrota sus salas año tras año y que supone un aporte económico indispensable para el festival, ya que casi la mitad de su presupuesto procede de ingresos por patrocinios y de venta en taquilla. La organización cuenta con cerca de 2.000 Amigos de la Quincena, un pilar imprescindible para su continuidad. La ópera, el ballet, las grandes orquestas sinfónicas, los pequeños grupos de cámara, el órgano romántico, las corales, los compositores contemporáneos, las promesas locales, los grandes nombres de la escena internacional, los espectáculos infantiles… todos tienen su sitio en Quincena, que reparte sus conciertos entre las sedes principales del Kursaal y el Victoria Eugenia y múltiples y singulares espacios, no sólo de San Sebastián sino también de todo el territorio guipuzcoano. En una etapa de madurez, el festival se lanza a la conquista de nuevos públicos y busca estrechar las relaciones transfronterizas, en especial con Toulouse y Burdeos, al mismo tiempo que quiere consolidar el apoyo a la creación y formación musical, en coordinación con Musikene, el Centro Superior de Música del País Vasco, y los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco. Liderando este proyecto está ahora Patrick Alfaya (Madrid, 1971), pese a su juventud, uno de los más brillantes expertos en gestión musical de nuestro país.

Como gestor musical ha estado al frente de proyectos de índole diferente: las Orquestas Sinfónicas de Galicia y Barcelona, el Festival Mozart de Coruña, el Ciclo Grandes Intérpretes y la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas. En líneas generales, ¿los problemas y soluciones del panorama musical pasan por los mismos lugares?

Hay problemas de todo tipo, al igual que hay soluciones de todo tipo, pero no mágicas. Gran parte de las soluciones pasa por estudiar aquellas políticas culturales que han funcionado en otros países y ver si se pueden adaptar. Por ejemplo: aún no entiendo por qué ningún responsable político se ha ido a un país como Finlandia a estudiar qué han hecho para alcanzar cotas de calidad tan altas en música. En España siempre estamos con grandes proyectos que acaban en el olvido o la mediocridad tras haber invertido cantidades inmorales.

Llegó a la dirección de la Quincena para suceder a José Antonio Echenique, director durante tres décadas del festival y toda una figura en San Sebastián pero también a nivel nacional e internacional. ¿Cómo se afronta un reto así?

Lo afronto con humildad, y teniendo en cuenta los consejos que generosamente me ofrece José Antonio Echenique. No hago más que insistirle a José Antonio en que lo que ha hecho es algo fuera de serie y que debería transmitir su experiencia a las futuras generaciones de gestores.

Echenique continúa como director adjunto, ¿es más fácil empezar de la mano experta de alguien?

Si es alguien como él, sin duda sí. José Antonio es muy generoso y está siempre abierto a discutir ideas. Tampoco creo que nos debemos de olvidar del equipo de Quincena, algunos han estado con José Antonio desde que este comenzó al frente del festival. El equipo es fundamental.

¿Dónde o en qué se notará más su presencia en la dirección?

Dónde no lo sé, el tiempo lo dirá. Muchas veces vienes con unas ideas y la realidad te obliga a cambiarlas. Evidentemente esos cambios pueden ser para bien.

¿Cuáles son sus objetivos al frente del festival?, ¿cuáles son las líneas generales de su proyecto?

Las líneas generales, como en cualquier festival, son ir introduciendo nuevo repertorio y nuevos artistas. Sin lugar a dudas queremos acercar Quincena a todos aquellos que aún no han experimentado lo que es, además de meternos más a fondo en lo que son cuestiones pedagógicas, trabajando con instituciones como es Musikene o la Joven Orquesta de Euskadi. Tampoco podemos olvidarnos de reforzar los lazos con la ciudadanía.

¿Qué retos nuevos afronta en este momento la Quincena?

Como a toda la sociedad, nos afecta la crisis, hay menos presupuesto y por tanto menos proyectos. Ahora bien, puede que la recesión sirva para volver a ordenar y, que en algunos casos, el sentido común se abra paso en ciertas políticas culturales. No es malo que los responsables culturales tengan que repensar sus programaciones y su gestión, generar duda y debate es bueno. Saquemos lo positivo de los momentos difíciles, aprendamos cosas.

La actual situación económica está siendo determinante para muchos festivales. En el caso de la Quincena el patrocinio privado tiene un gran peso, ¿cómo van las cosas?

He de agradecer la fidelidad de la colaboración privada. Se están manteniendo fieles a Quincena, lo cual creo que es reflejo de lo que supone este festival para esta sociedad.

Otra parte importante del presupuesto de este festival es la taquilla, ¿algún cambio en la gestión de precios para no perder público?

Nuestros precios actuales no nos dejan margen para bajar, por lo que optamos por no subirlos.

También están intentado cada vez más atraer al público francés, ¿qué estrategias siguen a este respecto?

Colaboramos con los ayuntamientos del otro lado de la frontera. Estamos haciendo conciertos. La idea es crecer en Francia ¿Acaso no estamos en la Unión Europea? Lo ideal sería que Quincena se convirtiese en el festival de todo el territorio, evidentemente con sede en Donostia. Creo que lo conseguiremos.

En cuanto a programación, el año pasado quizá se echó un poco de menos la ópera de repertorio a la que el público de la Quincena está acostumbrado. Usted comentó que para el festival hacer ópera es realmente complicado porque supone invertir fácilmente el 20 o el 25 por ciento del presupuesto total. ¿Tiene solución?

La solución definitiva pasa o por un aumento sustancial del presupuesto, cosa difícil, o porque bajasen las condiciones económicas de los artistas, cosa que sería lógica pero que no acaba de ocurrir. Por lo tanto estamos optando por buscar soluciones coyunturales, que en general pasan por la colaboración estrecha con otros festivales o teatros. En estos momentos, con entre otros fines abaratar costes, tenemos en marcha dos proyectos que involucran a varios festivales.

¿Puede avanzarnos algo de la próxima edición de la Quincena?

Habrá mucha música rusa, pero no nos olvidamos de Mahler, Wolff, y muchos otros.


La hora del relevo

La Quincena Musical de Donostia-San Sebastián es el festival de música clásica más antiguo de España y uno de los más veteranos de Europa. Sus inicios se remontan a 1939, año vital en la historia española por ser el del final de la Guerra Civil, cuando un grupo de hosteleros y comerciantes de la ciudad se reunió para organizar algo que enriqueciera la oferta turística de la temporada estival y la distinguiera de otras localidades. La idea, la misma que serviría años después para crear el Festival Internacional de Cine, aprovechó la tradición musical que ya existía en la ciudad desde finales del S. XIX y principios del S. XX, como la fundación del Orfeón Donostiarra, las orquestas del Gran Casino o los grandes artistas europeos que buscaron refugio de la guerra europea en el Teatro Victoria Eugenia y poco a poco fue consolidándose como una cita importante. Hasta finales de los 60, el festival gozó de una etapa de esplendor, pero después las convulsiones políticas y los nuevos usos turísticos derivaron en momentos difíciles para el festival, situación que hizo que en el año 79 el Ayuntamiento cogiera las riendas del festival. A partir de entonces, y con la aparición en escena de un joven José Antonio Echenique, comenzó una nueva época de recuperación y consolidación y en 1991 se constituyó la Sociedad Gestora participada por el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco. A lo largo de todos estos años, una figura ha sido clave en el desarrollo de la Quincena: la de José Antonio Echenique (México D.F., 1951, aunque de origen navarro), que acaba de ceder el testigo a Patrick Alfaya después de tres décadas al frente del festival. Su labor al frente de la Quincena le ha valido ser reconocido por muchos como uno de los mejores programadores y gestores, no sólo de nuestro país sino también fuera de nuestras fronteras. Su marcha ha dejado a muchos amantes de la música clásica casi huérfanos. “Por respeto al festival, al público, y por higiene mental, hay que cambiar”, declaró cuando se hizo pública la noticia y ante las numerosas peticiones para que siguiera. Echenique ha marcado toda una época de la Quincena y su marcha es un punto de inflexión en la trayectoria del festival. Con un equipo joven que trabaje por llegar a toda la sociedad y conseguir nuevos públicos en un mundo en el que el envejecimiento de los espectadores es un problema general, comienza ahora una nueva etapa.

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