Clásica Editorial
REFORMAS PENDIENTES
Julio 2010
Los ciudadanos estamos desde hace unos meses atentos, bombardeados y preocupados por las contradictorias pero evidentes noticias que nos sirven a la hora de comer, con completos menús de índices y ratios, de deudas y presupuestos, de recortes y reformas, de desencuentros, de temas “muy importantes” y trascendentes que la mayoría no llegamos a entender. Todos los ciudadanos estamos haciendo un master acelerado de economía que, además, estamos pagando de nuestro bolsillo.
Y en este contexto, en donde solo parece haber espacio para los recortes de gasto, alguna voz racional debería alzarse para explicar cómo vamos a hacer para que “nuestro estado de bienestar” se sostenga. Porque hasta ahora el único mensaje, comprendido por la mayoría de los ciudadanos, es que hay que apretarse el cinturón, que estamos en años difíciles y que vendrán otros de parecido resultado. Y, sobre todo, lo que trasciende de esta situación es que “las cosas ya no volverán a ser como antes”.
El resultado práctico de esta difícil situación es que donde antes había un gasto de cien ahora hay ochenta y, en el caso de la cultura en general y la música en particular, donde antes había cien, en muchos casos ahora hay sencillamente cero. No hay más que mirar las programaciones desaparecidas, los ciclos hibernados o los festivales que, si hasta ahora no contaban con recursos suficientes, ahora sencillamente les gustaría tener solo la mitad de lo que tuvieron.
Pero la política cultural, y la musical, es algo más que esta punta del iceberg que se manifiesta en las ofertas de programación, en la difusión cultural. Porque si, hasta ahora, uno de los ejes que parecía medir la salud de nuestra cultura musical era el número de salas y conciertos o la grandeza y exclusividad de sus programaciones, quizá sea buen momento para tratar de variar estos parámetros para construir un nuevo edificio en donde tengan cabida, de forma ordenada, las siempre cuestiones pendientes de la creación de una auténtica industria musical española, de la puesta al servicio de los intereses de una mayoría de los ciudadanos de los recursos y medios existentes, del incentivo a la creación, evolución e innovación artística…
Así pues, si “las cosas no vuelven a ser como antes” en el mundo de la cultura en general y en el de la música en particular algo habremos ganado. Pero alguien tendrá que ponerse a la tarea.
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